Queremos contaros algo que pasa este curso y que nos parece el mejor ejemplo posible de lo que intentamos conseguir con vuestros hijos. Una de nuestras alumnas lleva varias semanas fuera, viajando por Asia y Oceanía. Y mientras está al otro lado del mundo, lejos del colegio, sin clases presenciales, sin que nadie le pida nada... sigue aprendiendo matemáticas. No de cualquier manera. Las está aprendiendo bien. A esto nos referimos cuando hablamos de agencia del alumno. Agencia no es un concepto complicado. Es simplemente esto: que un alumno ha aprendido a aprender. Que no necesita que el profesor esté delante para que el aprendizaje ocurra. Que ha interiorizado no solo los contenidos, sino la actitud de seguir preguntándose cosas, de buscar respuestas, de no dejar pasar una duda o una curiosidad sin intentar resolverla. Cuando eso ocurre, el aula ya no tiene paredes. El aprendizaje viaja con el alumno. ¿Cómo se está organizando a distancia? Antes de salir, acordamos con ella un plan flexible: seguiría el programa a su ritmo, con autonomía para decidir cuándo y cómo estudiar cada parte. No tenía un horario impuesto. Tenía objetivos claros y la confianza de que sabría gestionarlos. Está siendo un éxito. Nos envía su trabajo puntualmente, hace preguntas precisas, y —esto es lo más significativo— ha ido más allá de lo que le pedimos. Porque además del trabajo acordado, tomó otra decisión por su cuenta: llevar un cuaderno donde anotaría todas las situaciones matemáticas reales que encontrase durante el viaje. Nadie se lo pidió